El toro
era bravo
y todos
le teníamos miedo
pero
Gabriel Pereda el gavilán, no lo sabía;
era de
los pelados chamacos
que
jalaban pal rancho
Cuando
los corrían de sus casas,
ya
andaba de presumido
molestando
al ganado.
Pero
las vacas enamoradas del pasto
ni lo
notaban
porqué
su hocico del suelo no despegaban.
El gavilán
pereda que torciendo rabos se divertía
confiado fue a dar a los cuernos del toro
el
canijo animal ya lo esperaba
y le aventó
la cornada
del
susto se patinó, se cayó, se levantó
la gran
carrera pegó;
aunque
todavía me río al recordarlo
me
arrepentí,
no le
avisé
que el
toro
era
bravo.
Hugo David Ávila